lunes, 4 de mayo de 2009

continuación

plumas suaves, plumas ásperas, plumas húmedas y frías pasaban a darme el calor que necesitaba.
—deja de llorar, no van a volar tus pies... no van a volar! no van a volar!— le gritaba mientras veía cómo se alejaba del piso.
Un sacudón me volvió a mi cuarto. Es imposible entender las señales. La niña se había ido, llorando, volando, con la mirada perdida. Me invadió la tristeza más aguda que había sentido alguna vez, era ella quién me daba calor, era ella quien volaba con mi alma en las manos, eran esos pajaritos azules con forma de pies quienes se alejaban poco a poco dejándome vacía.
Dónde estás ahora? Te necesito. Vas a volver?
—si, voy a volver
—cuánto tiempo debo esperarte?
—el día que entiendas porqué mis pies son pájaros, porque me llevo tu alma y porque estos pájaros tienen forma de pies.

No me dejes sola, los sueños me engañan... esas figuras informes me atacan y sufro, me desespero, manoteo en la oscuridad para librarme de ellas y te veo a lo lejos. Por favor, explícamelo.
Ya no hay manera. El alba llegó y ella no está. Yo vuelvo a la rutina, más vacía que nunca, sabiendo que allá, lejos, contando las olas del mar y jugando como gaviotas con la espuma, está mi alma.. en sus manecitas tiernas. Bailando una música, un rasgido de púas y guitarras, que me llega desde el fondo de ese mar helado, que me espera, que me sueña y que me retiene en sus entrañas traidoras.

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