viernes, 19 de junio de 2009

Mariángeles

Nívea es tu carita, de ángel risueño.
dormida, serena, estás tan bonita.
tu sonrisa me llena, tu abrazo me deja plena.
Juegas con tu imaginación y ríes por cosas sin sentido.
Te burlas de la vida que investigas a escondidas.
Los años pasan, estás creciendo.
Tus dientes ya mermaron y tu pelo se hizo lacio.
Hermana no me faltes, no me niegues tu sonrisa, no me quites tus abrazos,
no dejes de llorar por alegría, no olvides jugar con tu imaginación,
y sobre todo, no dejes nunca de necesitarme.
Que sin tí yo no crezco. Que sin tí yo no siento.

Lady Blue*

jueves, 21 de mayo de 2009

Tu Boca

Fruta madura.
Dulce néctar.
Agua clara cuando me besas.
No existe momento más perfecto;
que la brisa de tu aliento acaricie mi lengua.
Es la profundidad del mar, la frescura de tu boca.
Fue el viento de las montañas, sentir tu respiración agitarse.
Fue el fin de mi mundo, sentirte dentro mío.
El frío no existe en tus brazos, la piel se eriza con tan sólo un roce;
y tu perfume embarga el aire con un sabor a primavera.



Lady Blue*

sábado, 9 de mayo de 2009

Enamorados

Enamorada de una visión, enamorada de la imaginación.
Letras que van y vienen expresando sentimientos.
Palabras que ignoran mi presencia de escucha, palabras que aman el silencio de este lado.
Es la fuente azul, que irradia cariño.
Enamorado de una visión, enamorado de la imaginación.
Sabes que acá estoy, escuchando la voz que me ignora, leyendo letras de amor.
Besos que no llegan a la boca, pero que llenan el alma.
Abrazos que no me tocan, pero que reconfortan.
Sueños que nos completan, proyectos que nos enlazan.
Tristezas que nos extrañan.
Amor que te amo, Amor que no te veo, Amor que te escucho, Amor que te imagino.
Amor que te prometo amor eterno.
Enamorados de una visión, enamorados de la imaginación.

lunes, 4 de mayo de 2009

continuación

plumas suaves, plumas ásperas, plumas húmedas y frías pasaban a darme el calor que necesitaba.
—deja de llorar, no van a volar tus pies... no van a volar! no van a volar!— le gritaba mientras veía cómo se alejaba del piso.
Un sacudón me volvió a mi cuarto. Es imposible entender las señales. La niña se había ido, llorando, volando, con la mirada perdida. Me invadió la tristeza más aguda que había sentido alguna vez, era ella quién me daba calor, era ella quien volaba con mi alma en las manos, eran esos pajaritos azules con forma de pies quienes se alejaban poco a poco dejándome vacía.
Dónde estás ahora? Te necesito. Vas a volver?
—si, voy a volver
—cuánto tiempo debo esperarte?
—el día que entiendas porqué mis pies son pájaros, porque me llevo tu alma y porque estos pájaros tienen forma de pies.

No me dejes sola, los sueños me engañan... esas figuras informes me atacan y sufro, me desespero, manoteo en la oscuridad para librarme de ellas y te veo a lo lejos. Por favor, explícamelo.
Ya no hay manera. El alba llegó y ella no está. Yo vuelvo a la rutina, más vacía que nunca, sabiendo que allá, lejos, contando las olas del mar y jugando como gaviotas con la espuma, está mi alma.. en sus manecitas tiernas. Bailando una música, un rasgido de púas y guitarras, que me llega desde el fondo de ese mar helado, que me espera, que me sueña y que me retiene en sus entrañas traidoras.

sábado, 11 de abril de 2009

Misterio

Reconocía cada ruido nocturno de mi casa casi de memoria. Sabía cúando era mi madre la que se levantaba a hacer la acostumbrada vigilancia o simplemente a sacar al gato, o cuándo era mi padre. El quejumbroso y leve ruido del correr de la puerta de su dormitorio o de la del baño. la perilla de luz del velador o de la lámpara que colgaba del techo. el abrir y cerrar de la heladera sacando la botella de agua fría o los pasos lentos y pesados de ella con los ligeros y arrastrados de él.
Esa noche estba inquieta, un gato necesitaba mostrar su presa capturada a la familia y maullaba en el patio, las sirenas lejanas indicaban una persecusión algo peligrosa, algún vecino insomne escuchando música y una puta parada en una esquina, tapandose las piernas con un abrigo, tratando de que el frío no abrace lo que su pollera dejaba ver.
Me levanté de un movimiento casi automático para dirigirme a la ventana y espantar el maldito gato que se metía en mi entresueño. Con el mismo movimiento volví a la cama, miré el reloj que brillaba en la oscuridad. Las 4.24. Por los pocos pasos que se sintieron desde la habitacion de mis padres hasta el baño, tuve la certeza que se había levantado mi madre, pues ella duerme del lado izquierdo de la cama, próxima a la puerta del cuarto enfrentada a la del baño. No tardó demasiado, de un momento a otro estaba todo nuevamente en silencio. Las 4.45, y mis ojos cerrados, sin dormir, vislumbrando figuras informes que amenazaban con atacarme, palos de todos los tamaños y colores se unían y se separaban en una interminable danza, que terminaba por marearme y me obligaba a abrir los ojos para encontrarme con la reconfortante oscuridad.
Los palos desaparecían, pero le daban lugar a una niña, que me miraba con inocencia y picardía, sus manitos señalaban el suelo frío, sus pies descalzos estaban azulados, empezó a decirme que se le escaparían sus pajaritos mientras se sentaba y se tomaba los pies con desesperacion. Traté de tranquilizarla diciendole que lo que ella sostenía no eran pájaros sino sus piececitos. Mis manos acariciaban esos pieces fríos, llenos de hermosas plumas coloridas.


(continúa)


ya lo voy a continuar y a corregir... por ahora lo dejo asi, en suspenso. LADYBLUE*

viernes, 3 de abril de 2009

Dolor

Qusiera esta tarde divina de Octubre
Pasear por la orilla lejana del mar;

Y que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar.

Con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;

Ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear

Ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños, y no despertar;

pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;

Ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello; no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla, y que nunca la vuelva a encontar;

Y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Poema de Alfonsina Storni... que tan sólo me eleva, que tan sólo me identifica.

miércoles, 1 de abril de 2009

El juego de las escondidas

Cuentan que una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades de los hombres en un lugar de la tierra.
Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura (como siempre tan loca) les propuso:—vamos a jugar a las escondidas!!
La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad sin poder contenerse preguntó:—a las escondidas? Cómo es eso?
—es un juego— explicó la locura— en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden, cuando yo haya terminado de contar, el primero que encuentre ocupará mi lugar para continuar con el juego.
El entusiasmo bailó secundado por la euforia. La alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e incluso a la apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar: la verdad prefirió no esconderse, ¿para qué? Si al final siempre la encontraban. La soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no haya sido de ella) y la cobardía prefirió no arriesgarse.
—uno, dos, tres…— comenzó a contar la locura.
La primera en esconderse fue la pereza, que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad casi no lograba esconderse, pues cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para uno de sus amigos; que si era un lago cristalino, ideal para la belleza; que si era la hendija de un árbol, perfecto para la timidez; que si era el vuelo de una mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si era una ráfaga de viento, magnífico para la libertad. Así terminó por esconderse en un rayito de sol. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno, ventilado y cómodo, pero sólo ara él.
La mentira se escondió en el fondo del océano (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris). Y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido, no recuerdo dónde se escondió… pero eso no el lo importante. Cuando la locura contaba ya por el número 999.999 el amor aún no había encontrado sitio para esconderse. Pues todo se encontraba ocupado. Hasta que divisó un rosal, y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
—un millón!— contó la locura, y comenzó a buscar…
La primera en aparecer fue la pereza a tres pasos de una piedra, después se escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo. Sintió vibrar a la pasión y al deseo en los volcanes. En un descuido encontró a la envidia y claro que pudo deducir dónde estaba el triunfo. Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la belleza.
Con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún en qué sitio esconderse… y así fue encontrando a todos.
Al talento entre la hierba fresca, a la angustia en una oscura cueva, a la mentira detrás del arco iris (mentira, estaba en el fondo del océano) y hasta al olvido, a quién se le había olvidado que estaban jugando a las escondidas.
Sólo el amor no aparecía en ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta y en la cima de las montañas. Cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal, tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas. De pronto de escuchó un doloroso grito. Las espinas habían herido al amor en los ojos. La locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde ese entonces se dice que el amor es ciego, y la locura siempre lo acompaña.

sábado, 28 de marzo de 2009

El Divino Amor

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
Te ando buscando, amor que te mezquinas,
Me aguzo por saber si me adivinas,
Me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
Se han aquietado sobre un haz de espinas,
Sangran mis carnes gotas purpurinas
Porque a salvarte, oh niño, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
Que a veces bastan unos pocos sueños
Para encender la llama que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
Trueca este fuego en límpidas dulzuras
Y haz de mis leños una rama verde.